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A veces podemos vernos afectados por nuestro entorno más cercano, y crecer en un ambiente dónde la culpa y la crítica constante está presente. Los seres queridos nos causan daño sin querer desde que somos pequeños con ciertas afirmaciones y críticas que, a pesar de estar cargadas de las mejores intenciones por su parte, creyendo velar por “nuestro propio bien”, pueden hacer mella en nuestra autoestima como dardos silenciosos, sobre todo cuando son críticas que aluden a nuestra forma de ser.

Aunque no nos referimos a las típicas críticas de cómo te comportas o lo que haces en un momento determinado, cuando intentan corregirte una actitud concreta. De este tipo, por desgracia, casi que en el fondo, nos acostumbramos a convivir con ellas por lo frecuentes que son y hacen otro tipo de daño. Pero cuando lo que se critica es por lo que eres en esencia, poco a poco, se va creando una creencia muy insana de que hay algo mal en ti, algo que está equivocado.

Creces con un sentido de culpa añadido en el que sientes que has de disculparte todo el tiempo por ser cómo eres y al final, hasta por existir.

♥ Toma nota: Las 3 leyes para ser más feliz a través del desapego.

la culpa mala consejera

El sentimiento de culpa puede llegar a pesar demasiado

La culpa es una emoción que se incrusta en las entrañas y no te deja ser quién eres. Te acorrala en su pequeño recinto, y poco a poco, va ocupando mayor espacio en tu mente, condicionando tu estado de ánimo y tu conducta, hasta que al final consigue reducir gran parte de nuestra autenticidad. Gracias a la culpa podemos convertirnos en una sombra de lo que somos, en tan sólo un pequeño esbozo de nuestra verdadera esencia.

Cuando la culpa se instala cómodamente en nuestras creencias más enraizadas, llegan a producir efectos colaterales de gran impacto en nuestra autoestima. Por eso, cuando las críticas que recibimos del exterior no son constructivas, son nuevas grietas que se suman a una autoestima que si no se encuentra bien cimentada y apuntalada, será siempre más fácil que se desequilibre y caiga. Es importante en estos casos aprender a soltar la culpa y no permitir que nos acorrale.

Cuando los comentarios que recibimos del entorno nos hacen pensar que no somos lo suficientemente buenos en lo que hacemos y además, son frecuentes, es inevitable creer que algo erróneo hay en nosotros o qué no deberíamos pensar cómo lo hacemos. Se va creando una culpa que pesa demasiado, y dónde la autoestima se ahoga. Y es que además, resolvemos, quizás como mero acto reflejo, responder ante esas afirmaciones disculpándonos, sin saber la mayoría de las veces muy bien por qué.

Esta sensación quizás la puedes haber experimentado de forma aislada en algún momento y no por ello, condicionar tu vida entera. Es cuando sientes que no encajas, porque te sientes raro, inadecuado o incomprendido por los demás. Y claro está, no es una sensación agradable para aquel que la padece.

♥ Toma nota: Cuando el corazón duele de veras

culpar y disculpar

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No te disculpes por existir

Nuestra forma de ser y nuestra personalidad se va moldeando a medida que vamos creciendo, mientras vamos recogiendo los referentes del entorno y asimilando tanto los buenos como los malos momentos que vamos experimentando. Somos lo que somos porque también somos la suma de todo aquello que hemos sido con anterioridad.

Obviamente, si este tipo de críticas y comentarios dañinos han sido frecuentes desde que éramos bien pequeños, el muro que se ha de derribar de prejuicio y creencias falsas hacia nuestro propio valor es grande, y en estos casos se requiere de personas profesionales que acompañen y ayuden a restaurar tanto daño acumulado.

Por eso, aunque es cierto que todos tenemos diferentes características de nuestra personalidad que podemos pulir y en las que podemos mejorar y crecer más asertivamente, pero jamás a costa de permitir que los demás nos hagan sentir tan mal como para disculparnos por existir, por sentir que no podemos ser quiénes realmente somos porque seguimos alimentando y consintiendo la crítica destructiva interna.

Cuando basamos nuestra personalidad haciendo caso extremo de lo que piensan y dicen los demás sobre nosotros, terminaremos siendo lo que no somos, viviendo una vida que no queremos, interpretando un papel que no nos corresponde y mostrando una personalidad impostada, y cada vez que surge un atisbo de nuestro verdadero yo, acto seguido sentimos el deber de pedir disculpas, excusarnos o explicar el por qué hemos actuado o hemos sido de cierta manera.

♥ Toma nota: El sentimiento de culpabilidad: Causas y consecuencias

el sentimiento de culpa

La importancia de ser auténticos

Si además de la culpa, sumamos cuando nos asaltan las inseguridades o somos presa de la confusión, entonces seremos aún más receptivos de cobijar y darle crédito a las críticas dañinas o destructivas, y si esto se alarga en el tiempo, nuestra identidad se va diluyendo hasta el punto de que un día, estamos tan lejos de ser nosotros mismos, que ni siquiera podremos reconocernos. Es entonces cuando estaremos perdidos del todo.

Y la única vía de regreso es dejar atrás todo aquello que no nos permite ser lo que somos, empezando por nosotros mismos, encontrar cuáles son las creencias que alimentamos que no nos permiten ser auténticos y dejar de hacer caso a lo que nos digan los demás, porque esa es su realidad y no la nuestra.

Se hace urgente por tanto, volver a encontrar en nosotros lo que nos hace conectar con nuestra propia y verdadera esencia, honrando cómo somos, porque esa es nuestra principal responsabilidad con nosotros mismos. Recuperar nuestra identidad y reconocer cuál es nuestra verdad, teniendo como guía la autenticidad, que siempre será el faro que ilumine el camino a seguir, sin miedo a descubrir quiénes somos realmente.


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