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Visitas de la sección 5 actitudes peligrosas para la mujer 0 Comentarios

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Existen ciertas actitudes que mantienen a la mujer en una prisión emocional y que no permiten su evolución personal, pasando desapercibidas la mayoría de las veces. La clave de la perpetuación de dichas actitudes es que permanecen en un plano inconsciente y son altamente peligrosas para el desarrollo personal y expresión libre de la mujer. Estas actitudes conforman ideas, percepciones de sí y visiones del mundo que se implantaron en la primera infancia o en el vientre materno, lo que hace muy difícil desprogramarlas, porque se han marcado a fuego, como estigmas.

Para conseguir quitar de encima esta molesta carga, lo primero es darse cuenta de que esas actitudes existen. Y son en momentos decisivos como cuando la insatisfacción se hace presente y abre una brecha en nuestra conciencia y nos hace estar más receptivas, ejerciendo de palanca para el cambio.

La mejor manera de acabar con estas actitudes es empezar aceptando lo que te ocurre. No poner resistencia, no lo reprimas, no lo niegues. Y una vez que hayas conseguido aceptarlo, suéltalo. Hay que tener en cuenta que estas emociones conforman una especie de traje superajustado que no te deja moverte con libertad. Y lo único que tenemos que hacer es desaprender y soltar. Y entonces va deshaciéndose solo, con paciencia y perseverancia.

Las cinco actitudes más peligrosas para la mujer y que van destruyendo, bloqueando o negando sus potenciales personales, son las que enumeramos a continuación.

actitudes que ponen en peligro

1. Criticar y juzgar

La mujer suele hablar mucho más que el hombre porque nos relajamos al hacerlo. También damos mucha más importancia al asunto de las emociones. Por eso la mujer suele quejarse de que los hombres no cuentan nada. Nosotras generamos muchas más palabras diariamente y eso hace que también critiquemos y juzguemos más.

Pero tales críticas tienen mucho menos que ver con un afán de atacar al otro que con insatisfacciones personales. El afuera no existe. Puede que veas algo en los demás que te moleste, pero suele ser o porque quieres eso y no lo tienes o porque ves en los demás cualidades que te son propias y que no te gustan nada. Este tipo de actitudesgeneran una enorme energía negativa que el cuerpo y la mente terminan pagando.

2. El engaño y la mentira

En muchas ocasiones el miedo a exponernos a la censura ajena provoca que faltemos a la verdad. Otras veces el miedo a la soledad y a no formar parte del grupo, lo que juega un papel importante a la hora de dar una imagen falsa de uno mismo.

Son actitudes en las que suelen caer las mujeres simplemente porque no entienden que lo esencial no es gustar al otro. La autenticidad es un valor prioritario. Tienes que ser tú misma aunque los demás no estén de acuerdo.

3. Las quejas y los lamentos

Vivir apegadas a la negatividad mantiene cautivas a muchas mujeres. Pensar que el mundo es injusto y que siempre se sale perjudicada puede hacer que una persona caiga fácilmente en el papel de víctima, lo cual es un error. No se trata de vivir en un mundo donde toda pasa debido a un misterioso azar, sino de convertirse en la única responsable de la felicidad que se disfruta.

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actitudes que restan personalidad

4. El apego y la obsesión

Seguramente es una leyenda urbana aquello de que hay siete hombres por cada mujer, pero en realidad, las mujeres actuamos como si fuera cierta. La mujer, probablemente por circunstancias culturales, vive pensando que tiene que entrar en competencia con otras mujeres para que no le quiten a su pareja, y por ese miedo a perder se apega en exceso.

Esta clase de emociones, propias de no haber madurado, se refuerzan por razones biológicas, ya que el hecho de que el hombre pueda tener hijos cuando quiera y la mujer no, hace que ésta coja prisa y que el miedo a perder a su pareja aumente.

5. El afán de perfección

Parece que la mujer siempre tiene que demostrar algo, mientras que el hombre hace las cosas con más naturalidad y menos presión. Hace tan sólo un siglo que la mujer ha adquirido derechos esenciales en nuestra sociedad y eso es algo que permanece en nuestra memoria celular. Pero más allá del deseo de hacer bien su trabajo, lo cual es positivo, está su vertiente patológica, que no es infrecuente, y que tiende a paralizar a la persona más que a empujarla a conseguir nuevas metas.

El perfeccionismo te impide hacer cosas. Muchas mujeres no aprenden a practicar un deporte o no emprenden un negocio porque se exigen hacerlo perfecto. Esa expectativa provoca que se avergüencen si las cosas no salen bien y que acaben retrayéndose. La energía masculina es más de lanzarse, la femenina es más de procesos.

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