Nos pasa a todos. De pronto, y sin motivo aparente, nos vemos inmersos en una rueda de pensamientos intrusivos que vuelven una y otra vez. Parecen no tener fin.
Es lo que conocemos como pensamientos que distorsionan la realidad que nos rodea. Algo frecuente que puede llegar a causar mucho malestar a la persona que lo padece. ¿Cómo enfrentarte a este problema?
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¿Qué son los pensamientos intrusivos?
Todos tenemos pensamientos que aparecen en nuestra cabeza de vez en cuando. Sin embargo, a veces, esos pensamientos pueden volverse repetitivos e intrusivos, llegando a dificultar la concentración en el día a día.
Determinar su origen en mucho más complicado. En algunos casos pueden estar relacionados con la ansiedad, la depresión e incluso con TOC (trastorno obsesivo-compulsivo).
Este tipo de pensamientos también pueden desencadenarse a raíz de acontecimientos impactantes o períodos de transición vital que suelen causar una gran angustia.
Aunque por supuesto, también pueden ocurrir sin esas causas de fondo, tan solo por un momento puntual de estrés en el que nos inquieta (mucho) alguna situación en particular.
El impacto en nuestra vida diaria
Tal vez no puedas dejar de pensar en un proyecto de trabajo o no dejes de darle vueltas a una discusión con un amigo. Y aunque es normal tener pensamientos intrusivos ocasionales, pueden convertirse en un problema si empiezan a interferir en tu vida diaria.
Los pensamientos intrusivos pueden provocar ansiedad y estrés. Además, son capaces de dificultar la concentración en las tareas diarias más sencillas.
Ese es su verdadero peligro. Si no los manejas adecuadamente, pueden condicionar y mermar tu calidad de vida.
Consejos para evitar los pensamientos intrusivos
Puedes tomar medidas para reducir la frecuencia e intensidad de los pensamientos intrusivos.
En primer lugar, intenta evitar alimentos, bebidas y sustancias estimulantes, ya que son un pequeño factor que acelera tu organismo y también aumenta la probabilidad de sufrir pensamientos intrusivos.
En segundo lugar, practica técnicas de relajación como la respiración profunda y la meditación. Son prácticas que ayudan a calmar mente y cuerpo haciendo que los pensamientos intrusivos sean menos recurrentes.
También es muy importante descansar suficiente. El insomnio suele empeorar la ansiedad y hacer que este tipo de pensamientos sean más frecuentes.
Aunque el mejor consejo que podemos darte es aceptar que los pensamientos son solo pensamientos. La aceptación plena es la llave para dejar de lado este incómodo problema. Observa los pensamientos cuando lleguen (sin juzgarlos) y déjalos ir. Sin más, desaparecerán. Es un ejercicio complejo que te llevará tiempo interiorizar pero que funciona.
Por último, si nada de lo anterior te ayuda, la terapia cognitivo-conductual puede ser el tratamiento que necesitas. Para ello tendrás que recurrir a la ayuda profesional.
Esta técnica es eficaz para combatir los pensamientos intrusivos desde la base. Útil para ayudarte a comprender y manejar los patrones de pensamiento que te causan angustia.
Como ves, los pensamientos intrusivos tienen múltiples orígenes y pueden reflejarse en distintas intensidades. Dejarlos de lado aplicando sencillas técnicas es posible, aunque en los casos más severos suelen requerir de ayuda profesional.

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