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La palabra “pecado” está muy desprestigiada en nuestra sociedad, casi tanto como la iglesia católica y es que nos da la impresión de una prohibición arcaica y de poco valor en nuestra vida actual. Sin embargo, la concepción de los pecados capitales, a diferencia de la concepción de la virgen María no es un “misterio teológico” ni representan un “dogma de fe”, sino era la forma que tenía la Iglesia Católica de clasificar a los “vicios” y establecer pautas de comportamiento social entre sus feligreses para un correcto funcionamiento de los pueblos, villas y ciudades.

Imaginemos una sociedad que trate de evolucionar sin una serie de preceptos como “no matarás”, “no desearás la mujer de tu prójimo”, “no robarás” etc. No duraría mucho tiempo un pueblo en donde todos se mataran y se robaran entre sí sin ningún control y en donde no existiera temor de un “infierno” ardiente si deseas a la mujer de tu prójimo ( y cumples tu deseo)  estilo cavernícola. Por algo se llamaban “Las tablas de la Ley”. Es por eso que se establecen los pecados y como muchas de las enseñanzas de la iglesia católica descienden  directamente de las reflexiones de los filósofos griegos sobre “la virtud” y el “vicio” y que se basaban sobre todo en “el término medio” (la virtud de la Templanza) , rehúyen el exceso y se dividen en dos tipos:

Siete pecados capitales

Pecados Capitales y Pecados Mortales

Los pecados capitales o veniales se diferencian de los “pecados mortales” en dos cosas, primero: los pecados veniales o capitales son la causa de los pecados mortales, es decir, conducen a ellos. Segundo: los pecados “capitales” son más fáciles de perdonar. Aunque en la edad media y a partir del libro “La divina Comedia” de Dante Aligheri , que hace un recorrido por todos los estratos del infierno, muchos autores comenzaron a reflexionar sobre los pecados capitales ya que estos tenían lugares muy bien definidos en el averno de Dante, y no se despachaban con un par de avemarías y tres padres nuestros como se creía hasta entonces.

Y es que como veremos más adelante, son menos inofensivos de lo que la gente tiende a creer.

¿Cuáles son los siete pecados capitales?

Quienes tuvieron al oportunidad de ver la película “Seven” con Brad Pitt , Morgan Freeman y Kevin Spacey tuvieron la oportunidad de repasar de una forma muy brutal los siete pecados capitales. Vamos a explicarlos de una manera un poquito menos agresiva.

  • La Gula: La gula es el excesivo apetito, no sólo por comida sino por bebida o drogas. Se opone a la templanza porque es un exceso que no permite disfrutar los placeres y los vuelve vicios. Así, lo bueno de comerse un helado de chocolate de vez en cuando, se convierte en gula, cuando utilizas el helado para sustituir el sexo o cualquier otra cosa y te pones obesa y desarrollas problemas de diabetes y baja autoestima,etc. Pasa lo mismo con el placer de un cigarrito un atardecer,  opuesto a la compulsión de fumar dos cajas diarias y provocarte a ti y a los demás problemas respiratorios.
  • La Pereza:  Este es uno de los pecados que la gente encuentra menos espectaculares, sin embargo, no es como la gente piensa que caes en el pecado de pereza porque te quedas un sábado o un domingo echada en cama todo el día viendo series grabadas de TV. Caes en Pereza cuando te niegas a ocuparte de los deberes para contigo misma. Estos van desde leerte un libro decente para que no te salgan telarañas en la cabeza, hasta ordenar tus cosas y demostrar amor por ti misma, haciendo un poco de ejercicio o poniéndote una mascarilla. También amor por las cosas que haces, que requieren entusiasmo y cuidado. Sí, la falta de autoestima y la incapacidad de cumplir las propias metas es “Pereza”. Y en cuanto a la depresión, uno de sus síntomas es la pereza.Según los antiguos no se sabe que fue primero , si el huevo o la gallina, así no se sabe si la pereza lleva a la depresión o es la depresión la que provoca pereza.

Los 7 pecados capitales

  • Lujuria: He aquí el más popular de los pecados capitales. Casi todo el mundo admite (con un incomprensible orgullo) ser lujurioso, y es que en nuestra época , ser liberado sexual es lo más “In” y se cree que el problema de los lujuriosos es que les gusta mucho el sexo (lo que nadie se atreve a encontrar reprochable, por lo menos no públicamente). Pero no, se trata de algo un poquito más “feo” que ser muy promiscuo. Se trata de pensamientos de naturaleza obsesiva en torno a lo sexual. Pensamientos que superan cualquier límite de respeto con el “otro” .

Se trata de sexo sin “nada” de amor, como el que tienen los cuarentones o sexagenarios europeos que    viajan a Tailandia a prostituir a menores de edad o quienes contratan los servicios de prostitutas que,      lo saben, son probablemente víctimas de la trata de blancas y la explotación más brutal.

También se asocia al amor por los “lujos” y de nuevo viene la falta de amor y de piedad, cuando esos   “lujos” implican un abrigo hecho de focas bebé apaleadas en el ártico o el tráfico de guacamayas y aves  exóticas de sudamérica para complacer la “lujuria” de quienes compran estos animales.

  • La Avaricia: Este puede que sea uno de los  pecados más famosos, inmortalizado por el escritor Mark Twain a través del personaje de “Cuento de Navidad” Ebenezer Scrooge que hemos visto en inumerables adaptaciones para cine y Tv y que recientemente adquirió las facciones de Jim Carrey para la película homónima de Disney. Scrooge es un hombre de frío y duro corazón, mezquino y dedicado a la usura que sufre una metamorfósis la noche de navidad al ver lo miserable que ha sido su vida a pesar de todo el dinero que posee. Y es que la avaricia tiene que ver con la falta de generosidad a los demás, no sólo con la  acumulación de riquezas, sino con la falta de amor y comprensión por las penas de los demás. La    avaricia endurece el corazón y lo cierra a la empatía igual que la envidia. Y puede verse en el caso de estos empresarios locales, que a pesar de recibir constantes premios por su “maravillosa labor empresarial” venden ropa en Europa y América calculada en euros mientras la fabrican en Bangladesh o la India a través de factorías y maquilas que trabajan en las peores condiciones exclavizando mujeres y menores de edad.
  • La Envidia:  Este pecado es una rareza porque si preguntas, nadie lo sufre. Es un pecado vergonzoso al contrario de la lujuria o la pereza que parecen tener buen estatus. Y es que requiere de una falta total de empatía por los demás, por lo que crees merecer lo que otros tienen. El caso más sonado del envidia es la que sentía la madrastra por la belleza de Blancanieves. Hoy nos suena a cuento de hadas,pero la mandó a asesinar y como no lo logró , la fue a envenenar personalmente con una manzana. Cuando lo cuenta Disney suena más suave, pero así es como pasó. La envidia se alegra del mal ajeno porque no tolera la felicidad de los demás. Muestras constantes de éste desagradable y bajo vicio se pueden ver en los programas del “corazón” dedicados a regoderase en estos feos sentimientos.
  • La Ira:  La ira es un sentimiento desordenado de rabia y odio.  Cuando uno piensa en Ira piensa en alguien gritando y con la cara roja. Le parece a uno , y en verdad es, un sentimiento “explosivo”. Sin embargo a veces la Ira encuentra justificación, lo que quiere decir que no es “ciega” como generalmente se cree. De hecho, es el único pecado que no se relaciona directamente con el egoísmo. La ira se puede manifestar como una “negación vehemente de la realidad”  o impaciencia con la ley y deseos de venganza. Muchas veces la ira crea todo un discurso “reivindicativo” para justificarse.

Tenemos entonces que los actos de un grupo terrorista que reclama una supuesta “injusticia” y a los que el sistema no da respuestas sufren de “Ira” . La concepción moderna amplia la definición hacia quienes odian a otros por causas religiosas, políticas o sexuales lo que en casos graves desemboca en asesinato o incluso genocidio. Hitler estaba lleno de “Ira” como se puede apreciar en sus encendidos discursos.

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  • La Soberbia: El orgullo o la vanidad desmedida, no parece un pecado tan grave ¿no? Está bien tener mucha autoestima y gran seguridad en las propias capacidades. Se supone que eso nos podría liberar de pecados como la envidia. Sin embargo, ¡quien lo iba a decir!, es el pecado más grave de todos, y de donde se dice surgen casi todos los demás. Soberbia fue la que tuvo el mismísimo Lucifer cuando tuvo que ser expulsado del cielo por querer ser igual a Dios. Sí, por eso no es de extrañar que más de un “santo” por ahí sufra de soberbia y no se haya dado cuenta. Y es que la soberbia es la creencia absoluta de que todo lo que uno dice y hace es superior a lo que pueda decir y hacer cualquier otra persona. La soberbia cierra el entendimiento y genera necedad, porque el soberbio no considera que nadie le pueda enseñar nada. Esta sensación de superioridad (equivocada siempre porque todos tenemos virtudes y defectos y la perfección no existe) desemboca inevitablemente en desprecio por los demás. Este desprecio fácilmente se vuelve falta de amor por el prójimo y no es difícil que se vuelva avaricia, lujuria, ira o envidia (ya que nadie merece algo que nosotros no tengamos primero) y un largo etc. La soberbia se puede esconder detrás del orgullo por cosas realmente buenas. Un cirujano o un científico genial puede sentirse orgulloso, pero si lo posee la soberbia, cree que tiene derecho a manipular la vida y la muerte a su antojo.Los límites entre un sano orgullo y una buena autoestima y la prepotencia y la arrogancia son difusos y fáciles de traspasar. No por nada, es el pecado del mismísimo Lucifer.

 

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