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La mítica novela de León Tolstói, Anna Karenina, además de ser una gran obra maestra de la literatura universal, nos muestra con su personaje principal, un fiel reflejo sobre lo devastador y trágico que puede llegar a ser el amor romántico y cómo las mujeres, en muchos casos, elegimos abandonar toda nuestra vida con tal de vivir (y sufrir) ese amor.

En la novela, Anna Karenina vive en carne propia cómo el sentimiento que siente hacia su amado, se va transformando en una experiencia dolorosa del amor, que la va alejando de sí misma y de sus seres queridos hasta los confines de la autodestrucción.

Permite que ese amor pasional se convierta en el centro vital de su existencia, sin dejar espacio para ningún otro interés personal, más allá del deseo de saberse deseada por su amado. Esto la convierte en una presa de sí misma que pierde toda la perspectiva sin ser capaz de medir tampoco las trágicas consecuencias de su “locura de amor”.

A las mujeres se les ha educado por generaciones de forma inconsciente a través de mitos como el de Anna Karenina, alimentando creencias como que la mayor plenitud que existe, únicamente la conseguiremos a través del amor hacia otra persona.

como ser Anna Karenina

¿Qué es el síndrome de Anna Karenina?

Cierto es que poco tienen que ver las circunstancias sociales y culturales que vivía Anna Karenina en la época en la que se desarrolla la novela de Tolstói, con la que vivimos actualmente las mujeres. La sociedad asfixiante e hipócrita en la que se movía, actuaba como un telón de fondo cuya influencia en el desarrollo de la historia es indudable.

Sin embargo, lo que subjetivamente simboliza este mito literario, es lo importante, y como al final este síndrome sigue siendo una realidad en boga, que afecta a muchas mujeres en pleno siglo XXI, que se arriesgan a echar por la borda su vida entera con tal de saisfacer un deseo primordial, el de sentirse deseadas y amadas por un hombre.

Y es que depositar en la relación amorosa toda la voluntad vital y convertirla en el eje central del bienestar, es uno de los mayores peligros que alimenta este mito del amor romántico.

Abandonarlo todo y con la expectativa puesta en que vivir un amor así llenará todos nuestros huecos emocionales y vacíos existenciales, por encima de cualquier otra experiencia gratificante o plena.

Todos los mitos son creencias que forman parte del imaginario colectivo y muchas veces no somos conscientes de la frontera que existe entre el mito y la realidad.

Los referentes culturales femeninos como el de Anna Karenina y tantos otros que tenemos las mujeres, cuyo único destino pareciera que consiste en sufrir por amor, difieren bastante de lo que nos cuentan acerca de los héroes masculinos.

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Este amor es identificado peligrosamente con tres elementos fundamentales como son: la renuncia al amor propio, el sacrificio y la total entrega. Y cuando ese amor se rompe, se convierte en una pérdida irreparable de enorme dimensiones que nos condena irremediablemente al vacío existencial. Poca broma con los mitos y su poder para crear creencias en nuestro inconsciente que nos condicionan y provocan luego estos síndromes.

A las mujeres se les ha educado por generaciones de forma inconsciente a través de mitos como el de Anna Karenina, alimentando creencias como que la mayor plenitud que existe, únicamente la conseguiremos a través del amor hacia otra persona (más allá de poder sentirnos realizadas en otras áreas de la vida) y de que el amor no es negociable, que vulnera de principio a fin nuestra integridad como persona al colocarnos sin remedio en una actitud pasiva, que incapacita nuestra voluntad y poder de discernimiento.

el tren de Anna Karenina

Cómo detectar este síndrome para no padecerlo

  • Lo primero es darte cuenta de que la manera en la que se manifiesta tu amor es tóxica, insana y destructiva para ti. Por eso se hace imprescindible pararte y mirar hacia tu interior para tratar de identificar cuáles son las inquietudes personales, así como las necesidades no cubiertas que están generando tanta insatisfacción en tu vida.
  • Son muchas las mujeres que actualmente, a pesar de ser autosuficientes, modernas y dar prueba de sus múltiples capacidades y talentos, siguen renunciando a sus metas personales y profesionales a cambio de habilitar el bienestar de sus parejas. Si éste es tu caso, pregúntate por qué lo haces.
  • O a lo mejor tu caso es el de que sigues aguantando una relación insana que te genera mucho sufrimiento e infelicidad por temor a verte sola o no deseada, sigues esperando a que tu amado cambie su actitud hacia ti y te recompense por tu absoluta entrega. Continúas esperando, en definitiva,  que tu vida cobre sentido a través de esta relación, sin darte cuenta del precio personal que esto conlleva.
  • Darte cuenta de que esto no es amor y sin confundirlo tampoco con cosas como la posesión, la opresión, la anulación, el sacrificio o la autorenuncia. Esto sólo te llevará directa al fracaso amoroso y lo que es peor, bajo las vías del tren como Anna Karenina (el simbolismo de este elemento metafórico en la obra de Tolstói, contiene la fuerza y potencia suficientes para dar relevancia de lo destructivo e indómito de este amor y sus trágicas consecuencias).
  • La fuerte pasión, química o atracción iniciales que puedes sentir por alguien pueden llevarte a padecer este síndrome. Por eso conviene tener claro quién es la persona objeto de nuestro interés, enamoramiento o deseo. Es importante que vayamos identificando desde el principio las claves que nos permitirán negociar en el amor desde un lugar más equilibrado y maduro.
  • Deja de identificar que un hombre es la respuesta para sentirte “a salvo” de tu insatisfactoria vida y busca cuáles son tus alicientes reales, qué es aquello que realmente te motiva, cuál es tu verdadera pasión y vocación. Y entrégate a esto en cuerpo y alma. Luego, un buen amor llegará por sí solo.

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