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Los chamanes son las figuras que en diversas culturas atienden las necesidades espirituales y por tanto “psicológicas” de sus pueblos o comunidades a través de su capacidad inherente de transportarse por los diversos mundos (inferiores o superiores) así como por los visibles e invisibles. Aplicando una serie de técnicas que conforman la llamada psicología de los chamanes.

A través de rituales que incluyen elementos de psicoterapia, de danza, de hipnotismo, de trance inducido y dirigido, de magia y también a través del uso de sustancias que alteran la percepción y la conciencia, el chamán no es que use de la psicología, sino al revés, es la psicología la que deriva de las prácticas chamánicas de quienes ha extraído numerosas herramientas para el tratamiento del alma (psique), que es el objeto de estudio de la psicología.

Pero también, como veremos en este artículo, no se trata de que el chamanismo incorpore técnicas “psicológicas”, sino más bien de que un psicólogo o un psiquiatra serían los que impedirían que un chamán ejerciera su profesión en nuestra sociedad occidental.

Chamán de una tribu india ejemplo del a psicología de los chamanes

¿Qué es un chamán?

Al mencionar la palabra chamán nos viene a la cabeza una especie de “brujo” indio que baila y es capaz de invocar a las lluvias o luchar contra los espíritus. Resulta que tenemos razón, sería una imagen bastante acertada.

Lo que sucede es que los chamanes , como los magos, los brujos, los artistas pertenecen a todas las culturas desde el origen de los tiempos. Sin embargo, se ha abusado bastante del término chamán y muchas personas no sabrían distinguirlo de un sacerdote, un mago o un hechicero, aunque el término chamán los engloba a todos y al mismo tiempo tiene sus propias reglas y formas de manifestarse. Mientras alguien puede ser mago a través del estudio o puede ser sacerdote al pertenecer a la estructura de una religión, el chamán está más ligado a “la experiencia”.

Un chamán puede ser bueno, malo, o estar más allá de eso. Se puede transformar en una animal o en un árbol. Puede viajar al principio de los tiempos y relatarle a su tribu o clan, normalmente en trance por algún tipo de sustancia psicoactiva, el origen del mundo y de sus dioses. Un chamán puede curar a alguien luchando contra los espíritus que provocan la enfermedad o puede favorecer la caza invocando el espíritu de los animales.

El chamanismo es “el arte del éxtasis” como lo llamó Mircea Elíade. Un chamán es muy distinto a un sacerdote ya que el chamán debe vivir “la experiencia”.

En realidad “El Chamán” es el loco sagrado

A nuestra mentalidad, domesticada y libre de magia, le puede parecer que es una exabrupto hablar de la “psicología de los chamanes”, pero como afirma el estudioso Joseph Campbell en su célebre libro El poder del mito el chamán es: “la persona , hombre o mujer, que a fines de su infancia o comienzos de su juventud tiene una abrumadora experiencia psicológica que lo impulsa totalmente hacia dentro. Es una especie de derrumbe esquizofrénico. Todo el inconsciente se abre, y el chamán CAE EN ÉL”.

Esta experiencia chamánica ha sido descrita muchas muchas veces. La encontramos en el mundo entero, desde Siberia hasta la Tierra del Fuego. Y es que entre las muchas experiencias que definen a un chamán está lo que en nuestra cultura se definiría como un “brote psicótico”.
Vemos que la imagen de Campbell está perfectamente hermanada con el arcano 0 del Tarot “El loco”, y vemos ese hermoso abismo al que el perrito que brinca a su lado impulsa al personaje, es precisamente el abismo del inconsciente, pero a la vez es es El Mundo (XXI) que se abre y que le permitirá transitar toda la rueda y el viaje que simbolizan los 22 arcanos del Tarot.

Pero también el chamán es considerado “el que sabe” porque no basta con tener un “brote psicótico” para ser chamán. En este sentido, otra carta que nos acerca a la figura del chamán en el Tarot sería la carta número IX “El ermitaño” quien es el que busca dentro.

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Mujer con un atrapasueños dirigido hacia el sol

En qué consiste la psicología de los chamanes

Muchos chamanes son llamados por un sueño. A veces soñar con el trueno o el rayo indica que has recibido el llamado.

Otros chamanes son descubiertos por lo que nosotros conocemos como “deformidad física” o algún rasgo especial. Para algunas culturas los albinos, para otros quienes tienen dedos extras.

Aunque conocemos mayormente a chamanes del sexo masculino, lo cierto es que en Mongolia la mayoría de los chamanes eran mujeres y en culturas europeas del paleolítico superior se ha confirmado que sus chamanes también pertenecían al sexo femenino.

En muchas culturas se ha considerado el hermafroditismo, la transexualidad la bisexualidad y el travestismo como atributos chamánicos, considerándose además a los chamanes de “dos espíritus” especialmente poderosos.

En las antiguas religiones, griega y romana, el chamanismo convivía con la religión más “oficial”.

Con el cristianismo y el resto de religiones monoteístas (judaísmo, islamismo, etc.) las prácticas chamánicas fueron progresivamente desterradas. Se piensa que con la cacería de brujas (quienes eran las “chamanes” de las antiguas religiones paganas europeas) terminaron de desaparecer los últimos chamanes en europa.

Sin embargo, en los años sesenta del siglo pasado se dió, gracias a la revolución contracultural y a la búsqueda desesperada de una espiritualidad más acorde con “el new age” un rebrote de las distintas formas de chamanismo en el mundo entero.

Los chamanes necesitan de una parafernalia: música, tambores, canciones, actos simulacros. Mucho de la experiencia chamánica tiene que ver con el performance. El acto sagrado. Operar a alguien con una pluma, transformarse en jaguar y luchar contra las sombras tiene mucho que ver en las formas del chamán. Es por eso que el actor, director teatral y psicomago Jodorowsky, es considerado por muchos y se considera a sí mismo un chamán.

Las experiencias narradas por Castañeda constituyen una de las mejores formas de conocer de segunda mano las experiencias chamánicas. La otra, es agarrar una mochila y partir a México o Perú, al Tíbet o las montañas de Kurdistán o si no se quiere ir tan lejos, a algún bosque perdido en una de las siete Islas Canarias o en Galicia a buscar un chamán que nos cure el alma si los psicólogos no han podido.

Aunque a veces no es necesario ir tan lejos, pues “cuando el alumno está preparado surge el maestro” dicen por ahí, cuando alguien lo necesita surge el chamán.

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