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El poltergeist que acosó en 1935 a los habitantes de la casa misteriosa de Barcelona, parecía querer anunciar toda una serie de fenómenos que con el tiempo se manifestarían en nuestro país. Los ruidos que hicieron que el vecindario saliera a la calle, y la denuncia interpuesta por el dueño del piso, no serían dos hechos aislados en la historia paranormal española. Con los años, estos dos sucesos se repetirían en un par de casos que ahora recordamos.

Febrero de 1935. C/ Francisco Giner, nº43. Barriada de Gracia. Barcelona.

casa ruidoEl domingo 10 de febrero de 1935, al poco rato de que se hubieran acostado, la familia de Enrique Montroig Mendoza, de profesión vigilante nocturno, comenzaron a oír unos golpes en la escalera de la casa, y a eso de las once de la noche, los golpes, cada vez más seguidos, se intensificaron sonando en todo el edificio.

Alarmado, el hijo mayor se levantó temeroso de que se tratara de unos ladrones, y al encender la luz del comedor oyó un fuerte estrépito a la vez que veía cómo un cajón que se hallaba sobre una repisa se lanzaba, con la fuerza de un proyectil, contra el suelo.

En vista de los acontecimientos decidieron llamar al vigilante para que hiciera una inspección de la vivienda. Mientras tanto, todavía continuaban oyéndose los extraños ruidos, aunque más apagados.

También los inquilinos de los pisos superiores, alertados por el escándalo organizado, se congregaron en casa de los Montroig para ver qué estaba ocurriendo; pero una vez que hubieron llegado los vecinos, los ruidos y demás sucesos misteriosos cesaron por completo, por lo que volvieron a marcharse a sus casas. Allí tampoco era necesaria ya la presencia del vigilante por lo que decidieron abandonar la inspección, que resultó negativa.

Poco después de partir, los ruidos y demás fenómenos volvían nuevamente a turbar la tranquilidad en que había quedado la casa, prosiguiendo intensamente hasta el amanecer; momento en que regresó a su domicilio Enrique Montroig.

Como al día siguiente, Lunes 11 de Febrero, continuaron los ruidos, el dueño del piso se presentó en el cuartelillo de la Guardia Urbana del distrito para denunciar el hecho.

Desde allí lo notificaron a la Delegación de Policía, y un agente, junto con una pareja de guardias, fueron destacados al lugar de los extraordinarios sucesos para realizar una minuciosa investigación que al parecer no dio resultado alguno.

Martes 12 de febrero, los fenómenos habían desaparecido; pero a eso de las siete y media de la tarde, el vecindario tuvo que salir precipitadamente a la calle, loco de terror, debido a los atronadores ruidos que nuevamente se estaban dando en la casa, seguidos de fenómenos a cual más extraordinario y sobrenatural.

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Una silla del comedor cayó por dos veces al suelo y se volvió a levantar sin la ayuda de nadie. El reloj se paró y reanudó la marcha sin tocarlo para nada. Desapareció un tenedor que estaba encima de la mesa para caer después a los pies del hijo mayor.

ruidosLa lámpara comenzó a moverse frenéticamente, y todos los cristales empezaron a tintinear. y los ruidos, cada vez más ensordecedores, prosiguieron otra vez hasta el amanecer.

La familia Montroig relató estos sucesos a la policía, pero curiosamente hubo un fenómeno que llamó poderosamente la atención de la policía: el tintineo de los cristales.

Estos estaban tan sólidamente sujetos a la ventana, de modo que resultaba prácticamente imposible provocar dicho efecto –el temblor intencional era casi imposible. Además a la familia le acompañaron más vecinos con sus testimonios, asustados de lo que sus hijos decían ver.

La gente no tardó en relacionar los fenómenos con el espiritismo. Incluso llegaron a creer que cuando éstos sucedían era porque un espíritu estaba al llegar. Creencias aparte, se da la extraña circunstancia de que el más joven de los hijos de Enrique Montroig estaba enfermo: algo particularmente interesante, ya que como apuntan algunos parapsicólogos, muchos de los fenómenos paranormales que se producen en nuestros días podrían estar provocados por la presencia de jóvenes adolescentes en el lugar de los hechos.

Un mecanismo psíquico desconocido de la mente de los muchachos, hace que se manifiesten los más variopintos fenómenos anómalos sin saber ni el cómo ni el porqué. Si a esto añadimos que el hijo de Enrique Montroig se encontraba enfermo, justo en los días en que tenían lugar los inexplicables sucesos, bien podría ser una atractiva circunstancia a añadir a la “hipótesis adolescente”, con lo que uniendo ambas coincidencias –adolescente y enfermo al mismo tiempo y en la misma persona–, se potenciaría el fenómeno poltergeist, desencadenando todo tipo de fenomenología paranormal en torno a la casa.

Como el dueño del piso se presentó en la Delegación de Policía para denunciar el hecho, en los archivos policiales debería quedar constancia de dicha denuncia. Y lo más importante, era la primera vez en la historia de nuestro país que se denunciaba a las autoridades españolas un fenómeno poltergeist, y teníamos la fecha: lunes, 11 de febrero de 1935.

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