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Según cuenta la leyenda, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gómez,se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega, hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época.

El primer marqués de Linares, José de Murga, adquirió en 1872 diversos solares que eran propiedad del Ayuntamiento de Madrid para construir sobre una superficie total de tres mil sesenta y cuatro metros cuadrados. Costó la elevada suma de entonces, de tres millones de pesetas.

palacio linaresEl primer plano del edificio data de 1872, pero hasta el 1900 no se inaugura. Su construcción se inició en 1875, durante la restauración borbónica de Carlos III, actualmente pertenece a la Casa de América, sede de la Cultura Hispana Americana. Las obras fueron costeadas por el marqués tan sólo con las rentas de su cuantiosa fortuna, heredada de su padre.

En 1884 los marqueses comenzaron a vivir en el edificio. Se instalaron en la planta baja mientras proseguían las obras de decoración interior en las plantas principal y alta.

El marqués supervisó personalmente las obras y cuando tenía que ausentarse fuera de España, contó con la colaboración de competentes empleados, que le informaban puntualmente del transcurso de las mismas. Entre ellos se encontraba Federico Avecilla Delgado, cuya hija, Raimunda Avecilla Aguado, fue adoptada por los marqueses como ahijada y a la que dejaron en herencia el palacio.

Según cuenta la leyenda, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gómez, nacido en Madrid, el 13 de febrero de 1833, se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega. Raimunda era hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época que amasó una inmensa fortuna en Cuba.

El padre del Marqués, un hombre de talante liberal, había inculcado a su hijo, un sentido práctico de la vida. Al parecer, el rechazo que el acaudalado industrial, Mateo de Murga Michelena, sentía por las bodas de conveniencia, tantas veces celebradas para mantener y engrandecer, las grandes fortunas de la época, propició que el joven José de Murga, conociera a la que sería su esposa, en un ambiente poco cercano, a los más propios de su condición social. Así fue como el que fuera primer Marqués de Linares, entablaría relaciones con Raimunda, la hija de una cigarrera que trabajaba en la fábrica de Tabacos de Madrid.

Cuando el padre del protagonista de esta turbulenta historia, supo de las relaciones sentimentales que su hijo mantenía, con la mujer que era fruto de los tempuosos amores que mantuvo hacia 1830 con la cigarrera, envió repentinamente a su heredero a estudiar a Londres, con el propósito de que el joven Murga, olvidara aquel amor que sin saberlo, se encarnaba en la persona de su propia hermana.

palacio linaresAl cabo de un tiempo, José de Murga regresó de Londres y llevó a cabo su firme propósito de contraer matrimonio con su enamorada Raimunda. Ya había fallecido su padre y el matrimonio se celebró, sin que los cónyuges supieran su relación de parentesco. Se dice que José de Murga, además de noble, senador del Reino por la provincia de Segovia y poseedor de una inmensa fortuna heredada de su padre y hermanos, encontró una carta que su padre en vida, no llegó a enviarle, en la que relataba la incestuosa relación de consanguinidad con su esposa. Pero ya era tarde, anteriormente, y fruto del amor que se profesaban, concibieron una niña, a la que la ilustre familia decidió apartar de su entorno para salvaguardar el buen nombre de la casa. Entonces, la madre de la pequeña, Raimunda Osorio, aceptaría llena de amargura, que su propia hija fuera llevada a un hospicio de Madrid y le puso el nombre supuesto de María Rosales.

En el testamento José de Murga y su esposa, declararon no tener hijos ni probabilidad de tenerlos, en lo sucesivo fallecen.

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En mayo de 1990, diferentes medios informativos, difundían por todo el país, las presuntas psicofonías que afirmaba haber conseguido registrar en el edificio, Carmen Sánchez de Castro, quien se presentaba como doctora, psicóloga o psiquiatra. Estas fueron algunas de las psicofonías que obtuvo:

“¡Mamá, mamá!…¡Nunca oí decir mamá!”. “¡Yo también estoy aquí!”. “Mi hija Raimunda, nunca oyó decir mamá”. “¡Asesinos, asesinos!”. “Estamos aquí para la eternidad”.

Las supuestas voces del más allá, que posteriormente se demostraron fraudulentas, fueron el detonante para que cientos de personas, se reunieran por las noches en esta emblemática plaza madrileña, con intención de dar caza a los fantasmas.

Supuestamente, aquellos fantasmales lamentos pertenecían a María Rosales, hija de los marqueses de Linares. La historia da comienzo un año antes, cuando Carmen Sánchez de Castro, realizaba diferentes estudios arquitectónicos e históricos de la villa madrileña.

Según sus testimonios, el primer día que llegó con un grupo de arquitectos e historiadores, escucharon unos acordes de órgano que les pusieron la carne de gallina. Las paredes se movían y todo temblaba. Fue entonces cuando preguntó a las personas que allí trabajaban, si habían notado alguna cosa extraña.

La curiosidad de la presunta doctora, la indujo a realizar diferentes grabaciones por las estancias de la mansión. En 1989, Carmen Sánchez de Castro recurría al grupo Hepta, una activa y rigurosa comisión de investigadores paranormales. Sus estudios llegaron al Ayuntamiento de Madrid y en ellos se explicaba detalladamente, los resultados obtenidos, en las investigaciones desarrolladas con diferentes técnicas radioestésicas, medidas de campos electromagnéticos, barridos fotográficos y obtención de psicofonías en una cámara de Faraday. En este informe se afirmaba que existían corrientes subterráneas bajo del inmueble, alteraciones de los campos magnéticos en algunas estancias y una decena de fotografías que mostraban extrañas formas luminosas, las cuales resultaban inexplicables tras los análisis.

No fue el único equipo en acudir a investigar el caso, la Asociación Parapsicológica de Madrid fue para pernoctar en el edificio, pero sin obtener resultados positivos. El 4 de junio de 1990, la Policía Nacional detenía a Carmen Sánchez de Castro, por presunta falsificación de cheques. Cuando era custodiada por las fuerzas de Seguridad, se descubrió que tenía pendiente, desde hacía diez años, una orden de búsqueda y captura. Además se confirmaba que no estaba registrada en ningún colegio profesional de Psicología ni de Psiquiatría. Se desmontaba así el burdo fraude orquestado por Carmen Sánchez de Castro.

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