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Truman es la película triunfadora de los últimos premios Goya, premios que cada año buscan con su celebración, consolidar y reforzar la calidad del cine que se hace en España. Cesc Gay, su director, dirige una obra sobria, carismática y sin ningún tipo de artificio, algo que ya va siendo el sello personal de este director catalán y que ha ido demostrando en películas como “Una pistola en cada mano” o “En la ciudad”.

El título de la película hace honor al nombre de un perro cuyo dueño, Julián, (interpretado por un siempre magnífico Ricardo Darín), hace frente a la recta final de un cáncer que padece desde hace un año, tras el que, después de echarle un pulso definitivo, decide que sea la muerte quién lo gane. Y al tomar esta decisión, necesita dejar en orden su vida antes de marcharse, y entre otras cosas, le urge encontrar para Truman un nuevo dueño que le cuide.

Pero Truman no sólo nos habla acerca de la muerte, sino también de la amistad y del amor, simbolizado sobre todo por el de ese perro paciente y fiel. El film transmite de manera sutil y espontánea cómo tratar un tema como la muerte, a veces tan tabú en nuestra sociedad. Tabú no porque sea algo secreto, sino porque es incómodo. Cuando la muerte hace acto de presencia, no sólo aquel que se muere es el único afectado, los que siguen viviendo también han de afrontar el dolor de esa pérdida, como pueden.

La película, sin embargo, no refleja en absoluto la sordidez o tristeza que pueda llegar a representar la muerte y, más bien, consigue el efecto contrario, que sea un tema ligero y de fácil digestión, ameno pero siendo capaz de profundizar de una manera muy elegante. La elección de los dos actores protagonistas también hace posible esto, los cuáles también fueron galardonados con el Goya por sus respectivas interpretaciones.

truman y la muerte

Cada uno se muere como puede

“Cada uno se muere como puede” Esta frase de alguna manera es la que puede sintetizar y definir toda la trama. Se la dice Julián a Tomás (Javier Cámara), el otro protagonista del film, su mejor amigo que viene a visitarle desde muy lejos por unos días, ya que vive a miles de kilómetros, en Canadá. La intención de su visita es para intentar convencer a su amigo de que no se rinda y que siga luchando. Algo de lo que desiste nada más llegar.

A través de cuatro días los dos protagonistas de Truman nos muestran con sencillez y humildad la profunda amistad que les une y que ésta sólo es posible porque además de quererse, se respetan. Tomás, después de pasar los que sabe que serán los últimos días que verá a su amigo con vida, comprende que sin interferir en la decisión de Julián, es la única baza que le queda para demostrar su amor por él. Y Julián hace lo mismo, entregándole lo más preciado que ahora mismo tiene en su vida.

los actores de truman

Truman, una muerte anunciada

Aparte de Truman y Tomás, la película nos va presentando de uno en uno, a quién más deja huérfano la muerte de Julián, e irán desfilando por la pantalla como si de un desfile fúnebre se tratara. Así aparece por ejemplo Paula, su prima, la que de alguna manera se encarga de velar por su salud y a la que también más le cuesta entender la decisión de Julián, desea que éste siga agarrándose a la vida, aunque ésta le esté mostrando un clavo ardiente, además de garras y dientes, porque según ella la vida tiene más motivos que la muerte para sobrevivir. Pero también está su hijo, (tan lejos, tan cerca), Gloria, su ex-mujer, que siente que ha de seguir dando las explicaciones que Julián no es capaz de dar por sí mismo.

Cuando nos hemos de enfrentar a un momento tan definitivo como el que vive el protagonista de esta película, siempre se hace urgente aclarar los malos entendidos, pedir las disculpas que no se hicieron en su momento y perdonar todo lo demás. Hay que encarar la propia muerte, y en el caso de Julián, también el camino que queda hasta llegar a ella.

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En ese sentido, escenas como las de la funeraria o la de la clínica veterinaria, no tienen precio (así como otros instantes memorables del film que, a través de diálogos francos y directos y con ciertas dosis de humor, convierten el guión de Truman en lo mejor de la película), porque aquellos momentos que podemos vivir de manera muy banal, pueden transformarse en algo profundamente trascendental y ridículo al mismo tiempo.

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